luly

Me llamo Luly, tengo diez años y paso a sexto grado. Soy de Bahia Blanca pero hace más o menos un año me mudé con mi familia a Buenos Aires. Mis papás se separaron así que tengo dos casas. Papá es fotógrafo, mamá es periodista, mi hermano Agustín tiene 14, mi hermana Paula tiene 18 y es insoportable, y está el Gato Combotas, así todo junto y con m, porque antes de la b larga va una m, es regla ortográfica.

26.12.04

Salida con mi tía Ana (premios Clarín)

Mi tía Ana es re linda. Es alta, flaca, y tiene un color de pelo colorado que me encanta. Muchas veces salimos juntas, además ella es la que me hace los regalos más lindos: hebillitas, pinturas, ropa... Es mi tía más divertida. Es hermana de papá, y a veces me parece que no se llevan muy bien, pero con mamá hablan bastante. Es que papá es tranquilo y mi tía va de acá para allá, siempre corriendo!
Hace poco fuimos a una entrega de premios del diario Clarín, no esos que son los más famosos y pasan por la tele... Era un premio para el mejor libro del año o algo así. A mi tía la invitaron y ella me invitó a mí, así que fuimos juntas y fue re divertido.
Unos días después fui a la casa y sin querer le abrí el programa de los mails y vi que había escrito uno que en el asunto decía "premios clarín", entonces lo abrí y lo leí, y resultó que hablaba de mí y de esa noche y de cosas que yo no sabía y que me dio cosa enterarme... Encima la tía me vio cuando lo leía y a mí me dio más vergüenza... No me retó mucho, pero me dijo que eso no se hacía y justo cuando me lo dijo a mí se me ocurrió (porque la conozco a la tía y sé lo que le gusta) que podíamos ponerlo en el blog, y cuando se lo dije le encantó, así que acá está lo que escribió la tía Ana, espero que les guste!!


Hace un tiempo fui con mi sobrina a una entrega de premios. A la nena le gustan esas cosas. Es una petisita muy entretenida y con muchos intereses, un poco por los padres que tiene, viste. Y sí, qué voy a hacer: mi hermano es un bohemio, y la mujer, ni hablar. En medio de ese clima, la chiquita es bastante organizada, pero tiene como una debilidad por los eventos sociales, cuánto más culturosos mejor. Tiene menos de una docena de años y ahí la ves muy oronda, totalmente comprometida con la escena. La llevo a muchos lados, un poco por eso y otro poco porque como yo soy sola, es una compañía al fin y al cabo. Además, con ella no tengo que dar explicaciones de nada, puedo vestirme como quiero, hablar con quien quiero y seguir siendo muy correctamente “la Tía Ana”. Así que bueno, como te venía contando, en una de esas salidas fuimos a la entrega de los premios Clarín. Sí, sí, esos premios para novelistas. Tengo un par de amigos que andan en esa, bah, un amante para qué te lo voy a negar. Cuestión que este caballero nos cedió muy gentilmente invitaciones para que fuésemos con Luly. La gorda estaba divina, con unas sandalitas de charol, espectacular. Viste que las chicas ahora son super modernas, estaba regia, con una pollerita de esas que están de moda, con vuelito, y tul y todas esas cosas, refemenina. Estaba, como decirte, radiante. Además sabía que algo raro había con mi “amigo, el de las entradas”, y qué querés que te diga, para mí ella ya se está avivando de cómo viene la mano y las intrigas amorosas le gustan tanto como las obras de teatro, así que estaba fascinada con la idea de conocerlo. Bueno, la cosa es que nos caemos ahí, las dos de la manito. Llegamos y el clima estaba ideal, las mozas ¡divinas! con un estilo impecable, ayudando a la alcoholización general desde el primer momento. Sabés que es fundamental para una cosa así estar un poquito alegre, porque si no es realmente tedioso. La nena no sé cómo hace pobre, porque obviamente, solamente un sorbito de champán y listo, que si se la devuelvo borracha a la madre me mata. Y.. no estaría bien, ¿no?. Te decía, copita de champán, pasa un ratito, charlamos con un par de amigos, todos tan eruditos con sus trabajos elegantes y tan creativos. No te creas que no había señoras de vestido con sus respectivos maridos, de esas que viven a la vuelta del Museo. Sí, sí, fue ahí en Alcorta. Y sí, dónde querés que lo organice Ernestina, mínimo ahí, claro. La cosa es que me fui cruzando con pila de conocidos, algunos artistas que son más amigos de mi hermano y mi cuñada pero que igual me conocen, y a mí me encanta hablar con todo el mundo, así que me quedé comentando obras y algunas saliditas que había estado haciendo por el extranjero hasta que llegó el momento de entrar a la sala. Te digo que me impactó el tema de las promotoras. Las habían vestido con unos vestiditos negros ajustadísimos, largos, por supuesto. La decoración, sobria: mucho rojo, mucho negro. Y ¡Ernestina! Está irreconocible, te digo que se la pasó hablando de autonomía, independencia y no sé qué más. Ahora yo digo, esta mujer está con Alzheimer, ¿no?. Ojo, que me dijeron que algo de eso hay. Marta me lo dijo, pero bueno, igual fue tan obvio que estaba acomodándose al discurso de Néstor que te digo fue insoportable. Yo la he visto a ella años atrás y te digo que la palabra “país” no entraba pero ni por las tapas en sus charlas. En fin. La cuestión es que se sucedieron los discursos y los agradecimientos y a mí se me pasaba el efecto espumante, Luly se empezaba a aburrir y yo veía que de mi amigo ni noticias. La “ceremonia” se me empezó a volver intolerable. Así que le digo a Luly “¿nena, nos vamos al cine?” y en eso me doy cuenta de que ya está terminando todo, así que decidimos aguantar un poco más. Le dieron el premio a la ganadora, que por suerte habló poquísimo y ya después venía el lunch que a esa altura ya estábamos esperando. Bueno, para qué te cuento, es-pec-ta-cu-lar, jamoncito crudo, melón, pancitos, quesito. Te digo que a veces pienso, ¿me habré equivocado yo y esto de los escritores era un curro buenísimo?. Lulita estaba excitadísima, corría por entre la gente, muy pizpireta ganándose los saludos de todos. Te digo que un poco la envidié, porque se llevó todas las miradas y charló con muchísima gente. Como RRPP la gorda es bárbara. Yo decidí que ni iba a leer el libro de la ganadora y cuando estuve al borde de no poder manejar por mi nivel etílico, le di la mano otra vez a mi sobrinita predilecta y nos fuimos por Alcorta a casa, las ventanillas abiertas y el vientito pegándonos en la cara. La verdad, no hay como una salida de tía y sobrina... ¡lo pasamos bárbaro!

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